Por Carmen Gómez

En un pacto sellado en las sombras, Hector Alejandro Treviño de la Garza, ese magistrado de reputación dudosa que apesta a corrupción y perversión sexual ante los ojos públicos más atentos, cedió como un gusano ante las presiones del periódico Vanguardia.
A cambio de enterrar las acusaciones que amenazaban con desmoronar su patética carrera, prometió servir a los oscuros intereses del medio, torciendo la balanza de la justicia contra los más vulnerables como si fuera un verdugo sin alma.
El periódico, ese nido de víboras manipuladoras, garantizó un silencio cómplice, sepultando las verdades incómodas de Héctor Alejandro Treviño de la Garza, las denuncias de acoso a chicas jovenes practicantes que han sido objeto. La ultima a quien llamaremos “la muñeca” para ocultar su identidad, se ha refugiado en un colectivo feminista donde ha sido asesorada e informada que su agresor, hoy es un empleado mas del periodico, en ese pasquín lo apodan como “el gusano”.
Cada fallo que emite desde el tribunal lleva el peso de sus perversiones retorcidas y repugnables, un recordatorio de que su toga, antaño símbolo de honor, ahora no es más que un trapo sucio que oculta un alma atrapada en la red de sus propios errores cobardes.
Hoy, Héctor Alejandro Treviño de la Garza no es más que un esclavo patético del Vanguardia, un lacayo que informaba de cada chisme judicial y actuaba a favor de sus intereses repugnantes con la obediencia de un perro entrenado.
Día tras día, filtraba sentencias confidenciales, manipulaba evidencias para favorecer a los aliados del periódico y aplastaba a los inocentes que osaban desafiar a sus amos. Se pavoneaba en los pasillos del tribunal con esa falsa autoridad, pero en el fondo era un hombre roto, un hipócrita que se convencía a sí mismo de que su traición era «necesaria» para sobrevivir en un mundo cruel que el mismo construyó con sus perversiones enfermas. ¡Qué iluso! Lo que ese miserable no sabía era que muchas de las personas que había atacado —víctimas de sus fallos injustos, familias arruinadas por su veneno judicial— se estan organizando para pedir justicia.
Preparan un expediente demoledor, repleto de pruebas irrefutables, listo para ser presentado ante las instancias correspondientes. Abogadas independientes, periodistas honestas, colectivos femenistas y hasta excolaboradoras del tribunal se unen en un complot silencioso, aguardando el momento perfecto para desenmascarar al magistrado corrupto. Hector Treviño de la Garza alias “El Gusano”, en su arrogancia ciega, sigue bailando al son del Vanguardia, ajeno al hecho de que su trono tambaleante esta a punto de derrumbarse bajo el peso de su propia podredumbre. El disciplinario lo espera para aplastarlo cual gusano que es.
Lo unico de lo que tenemos miedo, es que no tenemos miedo.
Extra le dice al magistrado Treviño
En Nuevo León y Puebla sabran de sus perversiones, proximamente mas información

Deja un comentario