
Los años han pasado como arena en el desierto, pero él sigue siendo el mismo rastrero mujeriego —y de lo que se le atraviese—, esclavo del dinero y los vicios, un alma podrida que el tiempo no ha limpiado ni una pluma de esta hurraca perdedora.
Ya saben de quién hablamos: Guillermo Anaya, alias «Memoches», alias «El eterno Perdedor», alias «Memuerdes Almohadas» y “Tessio” Recientemente, nos contactó Paulina «N» —cuyo nombre completo protegemos por cuestiones legales—, la chica con la que fue captado en un antro de la Ciudad de México llamado «El Canto», ubicado en una zona exclusiva de la capital. En los videos, se ve a Memo más femenino que la misma Paulina, bailando al ritmo de la música de Carín León, una escena que ha desatado comentarios por todos lados.
Paulina «N» nos relató el vía crucis de su relación con el Memo Anaya “La Anayanzi”:
«Todo comenzó porque mi roomie, que es de Torreón, nos invitó al antro. Nos conocimos en la Ibero, y ella es de allá. Total, fuimos a ‘El Canto’, y en la mesa de al lado se sentó este señor, que en ese momento no sabía que era diputado. Me decía que tenía un despacho muy importante, que tenía arreglados a todos los jueces, que era un empresario destacado en La Laguna, y me soltó un montón de cosas más. Hasta que mi amiga regresó a la mesa y me preguntó: ‘¿Qué haces con Anaya?’ Yo, sorprendida, le dije: ‘¿Con quién?’ Entonces me explicó que era un politiquillo que ha perdido sus últimas elecciones, que hasta perdió contra un Riquelme —y eso ya estaba en chino—, que en Torreón lo ven muy mal, y que le parecía raro que me hablara, porque era público que lo habían captado besándose con un transexual. Y que en cada encuentro obliga a las chicas a que se pongan un arnés con un dildo y le den y den y le vuelvan a dar.
La famosa foto que salió en redes hace tiempo, donde se ve a Guillermo Anaya besándose con otra persona, sigue siendo tema de conversación. Paulina continuó:
«No sé, de repente estaba bien en la mesa, y no sé si me echó algo a la bebida, porque empecé a perder el conocimiento. Lo último que recuerdo es que mi amiga me rescató de la camioneta de él y me llevó a nuestro departamento. A la mañana siguiente amanecí tan mal que fui al médico, y me dijo que me habían drogado, que debía denunciar. Pero tuve miedo porque es diputado, así que preferí no hacerlo. Pensé que ahí había acabado todo, pero era el inicio de mi pesadilla.»
«Recibí un mensaje de él: ‘Hola baby, me la pasé increíble, ¿te parece si vamos a cenar hoy?’ Le dije que me sentía mal y le cuestioné lo de mi bebida, pero cambió de tema. Más tarde, me empezó a decir que nos habían captado en un video en el antro, que por favor no dijera nada, que su esposa estaba muy molesta, que me daba cualquier regalo con tal de que guardara silencio y jamás dijera lo del arnés y el dildo, que él negaría todo. Mi amiga, al enterarse, me pidió que lo pusiéramos a prueba. Su hermana estaba pasando por un divorcio en Torreón, así que le preguntamos si podía ayudarla. Dijo que sí, a cambio de mi silencio, y nos pasó el teléfono del juez Heriberto Muñoz (conocido como el gusano quemador) del Juzgado de lo Familiar, asegurando que ya había hablado con él.»
«Las cosas se calmaron un poco, pero después Memo me dijo que el juez estaba a punto de resolver a favor de la hermana de mi roomie, pero que lo tenía que ver, que tenía que pagarle. Me citó en el St. Regis, y ahí le dije que era un enfermo y lo bloqueé.»
«No quiero alargar más mi relato, pero el juez resolvió en contra de la hermana de mi roomie. Buscamos en internet sobre este juez y descubrimos que lo han atrapado cobrando favores por sentencias.»
Efectivamente, una nota de Vanguardia titulada «Pide ‘moche’ Juez Familiar de Torreón» confirma lo anterior con audios y textos:
«Con posterioridad al intercambio vía WhatsApp, Muñoz Núñez habría sostenido una conversación telefónica con Raquel ‘N’, en la cual le solicitó 15 mil pesos a cambio de poner su caso —identificado con el número 1489/16 y relativo a un juicio de pérdida de patria potestad—, en manos de un abogado ‘que trabaja internamente’, para lo cual le pidió 7 mil 500 pesos de ‘anticipo’.
‘Hablé con el abogado. Es uno de aquí, de aquí mismo. Pero… también está dentro. Él decía que me daba la mano, pero siempre y cuando lo apoyara con 7.5 de inicio y 7.5 al final… porque sería garantía’, se escucha decir a la voz que sale de la bocina de un celular y que sería la de Muñoz Núñez.
Vanguardia corroboró que el número de teléfono que aparece en las capturas de pantalla proporcionadas corresponde efectivamente al número celular del juez Muñoz Núñez, quien ya anteriormente ha sido señalado públicamente por presuntos actos irregulares.»
Así es la vida de Guillermo Anaya, el ahora supuesto abogado con un supuesto superdespacho, que sigue acosando mujeres y a quienes parecen mujeres, atrapado en vicios como si tuviera 20 años. Las derrotas que ha sufrido —y como dijo Paulina, «hasta con Riquelme»— lo han dejado traumado y acomplejado.


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